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Antes de enseñar matemáticas - Por: Jorge Alfonso Sierra Q.*

hace 16 horas
2 min de lectura


Observando el inmenso revuelo que han causado los últimos resultados de las pruebas PISA, causa curiosidad que, dentro de todos los análisis y correcciones que se proponen con la mejor intención de que nuestros países superen tan preocupantes resultados, casi nadie señale el factor afectivo-emocional al hablar de las metodologías aplicadas para enseñar matemáticas.


Durante muchos años ha existido la tendencia a enfocar la enseñanza de las matemáticas en lo procedimental, lo algorítmico y lo cognitivo. Se desconoce así que el ser humano, integral como es, responde fundamentalmente también a factores emocionales y afectivos, más aún en una materia como esta. Lo que inquieta de esta omisión es que se ignore la abundante bibliografía científica que existe sobre la conveniencia de dejar de separar, de manera tan artificial y perjudicial, lo afectivo-emocional de lo cognitivo en el aprendizaje matemático.


Apoyar el uso de nuevas tecnologías, optimizar la infraestructura, perfeccionar la capacitación docente o involucrar a los padres son ideas valiosas y pertinentes. Sin embargo, continúan apuntando a factores externos que difícilmente cambiarán las creencias, los valores y el autoconcepto o la identidad que la inmensa mayoría de nuestros estudiantes perciben y sienten frente a las matemáticas. Si esto último no se modifica, difícilmente saldremos del atolladero.


La psicología educativa tiene mucho que aportarnos aquí. Si partimos de la premisa de que todo ser humano siempre está en un estado emocional, y que si ese estado no está acorde con la tarea del momento los resultados no serán los esperados, entenderemos el fondo del problema.


¿En qué estado emocional van nuestros estudiantes a un examen de matemáticas? ¿Ansiosos, preocupados, con nervios o pánico? ¿Puede un estudiante superar una prueba cuando es presa de estados emocionales paralizantes? Las teorías de la sobrecarga cognitiva de Sweller o de la ansiedad matemática de Ashcraft, entre muchos otros investigadores, ofrecen respuestas claras a esto.


Además, persiste una carga punitiva con la que hemos entronizado los exámenes. Se asume que un alumno no puede equivocarse en ninguno de los pasos para resolver un problema porque, automáticamente, el resultado final estará erróneo y sin forma de enmendarlo.


Debemos reflexionar en qué estamos haciendo para superar estos factores afectivo-emocionales. Las investigaciones al respecto en nuestro Instituto Neuromatemáticas JASQ comprueban que el problema matemático muchas veces no inicia en el contenido, sino en la experiencia emocional del estudiante con esta asignatura.



*Máster en Neuropedagogía Aplicada. Doctorante en Pedagogía. Creador del Modelo Afectivo-Emocional-Cognitivo Neuromatemáticas JASQ.

 
 
 

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