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Conozca los cuatro factores básicos para superar la ansiedad y el miedo a las Matemáticas

Actualizado: 12 de nov de 2018

Por: Mtro. Jorge Alfonso Sierra Q.



Resulta por lo menos curioso que en los grados Primero y Segundo de la educación Primaria, la inmensa mayoría de los niños No muestran ninguna dificultad o aversión por la materia de matemáticas, salvo las excepciones por dificultades neurológicas que, a decir verdad, son muy pocas.

Sin embargo, a partir del Tercer grado de primaria la población estudiantil empieza a sufrir de un inquietante síndrome denominado “La ansiedad Matemática”, un estado que según las más serias investigaciones la padece el ¡60% de los estudiantes! En el informe final de la OCDE posterior a las pruebas PISA del año 2013, en México este porcentaje se eleva al preocupante ¡70%! Indagando en otros países hispanos como Colombia, Chile, España, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, muestran estos mismos perturbadores índices.

Lo más grave de todo esto es que al final la “Ansiedad matemática” se convierte en un grave obstáculo para el óptimo rendimiento académico y en una causal importantísima en la deserción escolar.

¿En qué consiste la Ansiedad matemática?

La ansiedad matemática consiste en una serie de sensaciones de tensión, impaciencia, preocupación, inquietud, irritabilidad, terror, pánico, nerviosismo, miedo, confusión, bloqueo mental, indefensión, parálisis, desorganización mental y hasta síntomas físicos asociados que surgen al estudiar o presentar un examen de matemáticas.

Los síntomas físicos van desde aceleración de los latidos del corazón, sudoración en el cuerpo y las manos, baja de los niveles de oxigenación, palidecimiento del rostro, vómitos hasta incluso desmayos.

Sus causas pueden ser variadas dependiendo de la línea académica de quien la analiza, y van desde factores ambientales o contextuales (hogar, escuela), del docente, de inteligencia, de heredabilidad, de creencias, de erróneas estrategias de estudio y aprendizaje, llegando incluso a la personalidad.

Lo cierto es que una inmensa mayoría de personas presentan ansiedad matemática en diferentes contextos de su vida, tanto formales como informales. Desde el que siente el alumno cuando lo pasan al pizarrón o tablero, o al presentar un examen en el aula hasta el del profesionista que no sabe calcular un porcentaje al realizar una compra cualquiera, como por ejemplo un coche o lo que le corresponde pagar en una cuenta colectiva en el restaurante.

¿Cuáles son las áreas afectadas por la Ansiedad Matemática?

Según las más concluyentes investigaciones son cuatro las áreas que se perciben afectadas por esta ansiedad y que se deben intervenir:

1.- El estado anímico o emocional del alumno en la prueba o situación.

2.- El desconocimiento o no aprendizaje claro de los conceptos matemáticos que están involucrados en la operación a realizar y que impide el punto que sigue inmediatamente como es,

3.- Poder realizar los procedimientos o algoritmos que habrá que aplicar para resolver el reto, operación o problema y por último.

4.- Poder resolver la prueba matemática o la situación en la que se está implicado.

Los cuatro factores básicos entonces que hay que acometer son: 1.- Bajar los niveles de ansiedad hasta llegar a la relajación y la quietud emocional por medio de música, preferiblemente especial como la de Pachelbel, Mozart, Chopin, etc.

2.- Indagar, repasar o saber los significados de los diferentes conceptos que están implícitos en el problema o la situación que requiere actividades matemáticas. Por ejemplo, si se va a calcular un porcentaje, qué debe aplicar y qué significa hacer una división o una regla de tres simple.

3.- Conocer el procedimiento o el algoritmo en este caso, saber cómo aplicar la división o la regla de tres simple.

4.- Proceder a aplicar ese procedimiento o algoritmo escogido en el examen o situación que se presenta.

No olvidemos que muchas veces los Docentes o los Padres de familia caemos en uno o dos graves errores al afrontar la ansiedad matemática:

1.- “Justificar” al estudiante o hijo diciéndole que la culpa “es de la matemática por ser muy difícil, complicada y abstracta”. Que él, “no nació con aptitudes para las matemáticas”.

2.- Instándolo a que “se sienta bien, se tranquilice” pues “eso no es nada”. A pesar de la buena intención al aplicar estas frases, no pasa de estarle diciendo al estudiante “qué hacer” sin explicarle el “cómo”.

En ambos casos desconocemos que afecta más “la percepción o el miedo que autogeneramos hacia la matemática” que esta materia en sí misma, y que lo importante no es decirle a la persona “porqué se debe tranquilizar” sino “cómo puede hacerlo”.

En futuros post estaremos analizando y exponiendo más estrategias y tácticas para aplicar en el aula y en el hogar para desterrar definitivamente la temible “Ansiedad matemática”.

¡Hasta entonces!

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